Los fantasmas de Tunguska, 2024
Acrylic on canvas
78 x 56 x 4 cm (30 ¾ x 22 x 1 ⅝ in)
«Mi obra es una especie de estado «atmosférico» de la pintura como un hecho artístico de «acto». Una especie de abstracción de su propio lenguaje.»
Es precisamente en esos espacios no renderizados —vacíos, residuales, incómodos— donde parece persistir una experiencia menos codificada de la realidad. No necesariamente más auténtica, sino menos controlada. (Autenticidad es otra palabra que se ha renderizado, que aparece en los menús de opciones, que se selecciona al elegir el nivel de dificultad: fácil, medio, auténtico. Y ya no significa nada, o significa lo contrario, o significa exactamente lo que el sistema necesita que signifique para seguir funcionando). Quizás ahí es donde aún puede ocurrir algo no del todo previsto: una resistencia mínima, o si uno quiere ser un poco más optimista —y no sé si quiero serlo, porque el optimismo también se ha renderizado, también aparece en los tutoriales, también forma parte del «juego»— el germen de otra forma de sensibilidad.
Me gusta pensar —aunque sospecho que esta idea también tiene cierta autojustificación, que la idea de cada artista sobre su propio trabajo tiene cierta autojustificación, que la autojustificación es el sistema operativo subyacente del discurso artístico, que no podemos hablar de lo que hacemos sin instalar ese parche que convierte la práctica en teoría y la teoría en defensa— que mi práctica artística se mueve a lo largo de esos márgenes. No para llenarlos. Para hacer visible que están ahí. Que hay áreas donde el lenguaje no llega del todo, donde la representación se atasca, donde el motor gráfico muestra sus límites en forma de fallo, de vacío, de una pantalla negra que no es negra sino color #000000, que es un negro renderizado, que es el negro que el sistema permite, que no es el negro de la noche o el negro del pozo o el negro de la tinta que se derrama y no se puede controlar. Y que en ese hueco, en esa ligera incomodidad —la incomodidad de no saber si lo que ves es un error o una característica, de no saber si el artista falló o el sistema falló o tú no miraste— algo parecido al arte todavía puede suceder. No arte. Algo parecido.
La distinción importa. O no importa. O importa precisamente en la medida en que no importa, en la medida en que seguimos hablando de ello sin saber qué es, en la medida en que hablar sin saber es la única forma de hablar que queda cuando todo lo demás ha sido optimizado, interpretado, explicado, guiado a su conclusión correcta en el examen de opción múltiple con el que la cultura de masas administra la Historia como si fuera la única prueba que importa.» _Juan Miguel Pozo
