Los soliloquios de Céspedes. De la serie: Índice de
Imágenes.
Taxidermia de mula, juego de ajedrez y correas.
135 x 75 x 181 cm
- Tablero y fichas de ajedrez pertenecientes a Fernando Figueredo Socarrás, donados por Carlos Manuel de Céspedes del Castillo.
- Trabajo de taxidermia encomendado por el Mayor General Francisco Javier Céspedes a Miguel Bravo Santíes, médico y biólogo aficionado, exsecretario de Céspedes; realizado con dos ancas de mulas provenientes de la finca San Lorenzo.
La curiosa pieza parte de una anécdota de Céspedes, quien cuenta haber visto parir a una de sus mulas acémilas, Candela, una cría siamesa deforme que, sorprendentemente, nació viva y caminó algunos pasos antes de morir apenas un minuto después. La mula, al parecer, había sido montada por el burro Masón, en el cual Céspedes transportaba sus objetos personales. Siendo las mulas generalmente estériles, cuando llegan a parir, sus crías suelen ser débiles o presentar anomalías que no sobreviven al nacimiento.
La imagen del objeto fue utilizada por la organización presidida por Bravo, Hermanos del Silencio, que daría lugar a la desatinada sedición de Lagunas de Varona. El emblema diseñado para el secreto “partido cespedista” incorporaba, sobre la grupa del animal, un tablero de ajedrez donde aparecía un rey blanco solo, con todas sus fichas reunidas en el extremo opuesto. En palabras de Bravo, al exponer los motivos de su conspiración:
“Una República sin cabeza donde los de una misma especie ya no hablan el mismo lenguaje y no se entienden (…) el tablero es una metáfora de la traición hecha por los cubanos al caudillo legítimo de la República, quien era un maestro del juego de ajedrez, alegoría del pensamiento militar.”
El Padre de la Nación Cubana, Carlos Manuel de Céspedes, pasó sus últimos días confinado en las montañas del oriente de Cuba tras ser ilegalmente depuesto de la presidencia de la República en Armas. Las páginas de su diario están colmadas de reflexiones apasionadas sobre su vida, su papel en la historia, sus enemigos, la revolución y numerosas imágenes simbólicas que remiten a la sensación de un final trágico inminente.
La pieza funciona como metáfora de su agonía y soledad, así como del fracaso recurrente en nuestra historia provocado por un mal que nace desde dentro. Las mulas siamesas, presentadas como reliquia histórica, podrían extraerse perfectamente de una pesadilla del héroe: el cuerpo de una nación dividida bajo el mayor mal del colonialismo. En la grupa, en un extraño movimiento de ajedrez, el rey blanco queda solo frente a los suyos, en alusión a cómo Céspedes fue abandonado por los cubanos y dejado a merced de los españoles.
