Crecida del pantano, de la serie Manigua, 2025

Papel cortado a mano / Fabriano 300 g Cold Press

acid-free watercolor cardboard y cristal museo

205 x 155 cm (80.7 x 61 in)

Desde un punto de vista etimológico, el origen de la palabra manigua puede rastrearse hasta la lengua de los taínos. Se refiere a un hábitat donde la naturaleza es salvaje, abundante, exuberante —incluso impenetrable— y está asociada a un conjunto de creencias sobrenaturales. Culturalmente, manigua es ritual, sincretismo, rebeldía, sanación y libertad.

En el manglar, los primeros habitantes de las Antillas desarrollaron su vida cotidiana, y más tarde los esclavos africanos recordaron y practicaron las creencias religiosas de sus pueblos. Durante las guerras en Cuba, ofreció refugio a quienes buscaban amparo, y el conocimiento de las plantas que allí crecían se empleó para curar a los heridos. Toda esta sabiduría ancestral se ha preservado en la cultura popular, en manos de yerberos y herbolarios que defienden con celo el potencial curativo y ritual de las plantas que antiguamente se recolectaban en la manigua cubana.

Para mí, manigua es más que un entorno natural: es un concepto, un cuerpo de conocimientos que me acompaña a dondequiera que vaya y sostiene mi praxis cotidiana. Su complejidad es tal que solo en la intersección entre imaginación, escritura, ciencia, arte y tradición encuentro su representación más fiel. Solo trazando un “mapa cognitivo” puedo realmente repensarla.

Para este proyecto, he recurrido al libro de José Seoane Gallo, quien —al borde de un cambio social drástico a comienzos de la década de 1960— recopiló una serie de testimonios sobre el uso de remedios derivados de plantas medicinales presentes en el campo cubano. Su objetivo era preservar esta sabiduría popular, que parecía destinada a desaparecer.

Ariamna Contino