EL ECO DEL AMOR,
LA QUIETUD DE LAS ALAS
Adolfo Manzano
6 de noviembre, 2025 – 6 de febrero, 2026
Salle de projet, El Apartamento, Madrid
"(…) He cumplido ya sesenta y tantos años; a mi edad las coincidencias o novedades importan menos que lo que uno cree verdadero (…)”
J.L. Borges
I
Intentar hablar del amor y acabar hablando del desamor y de la pérdida…
En esa temática aparentemente simple se oculta la gran pregunta de la existencia humana que parece desarrollarse en una exposición como El eco del amor, y la quietud de las alas, de Adolfo Manzano (Asturias, 1958).
Pájaros, llamas, sombras y ángeles que se apoderan de los restos de una casa en ruinas. La pasión, el deseo y la pérdida posterior han dejado un paisaje desvencijado, pero de una delicadeza y una pulcritud sospechosas, casi hirientes en su belleza.
Si la obra de Manzano nos habla del mito fundacional de la pintura y la escultura a través de la historia de Kora y Butades, es a través del mismo mito que Manzano consigue infiltrarnos su idea del amor y su manifestación en sus diferentes formas, ya que como él mismo ha dicho: “continúo con la intención de abordar el tema del amor y su pérdida, tal vez mejor, los amores y su pérdida, ya que parece evidente que son muy diferentes y variados los amores. Amor a la pareja, a los hijos, a la patria o al equipo de fútbol, al dinero, al saber (…)”.
Conversando con Adolfo Manzano sobre esta exhibición, me sorprendió que un artista de tan largo recorrido y carrera le interesara un tema que, mirado desde una óptica más contemporánea parece “antiguo” o “pasado de moda”, sin embargo su propuesta resume un simbolismo de muchas de las cuestiones éticas que le son esenciales al ser humano, de las que eludimos hablar directamente por parecernos inútiles o distantes o, tal vez, por los complejos intrínsecos al arte contemporáneo, siempre ocultándose tras ideas políticas y superfluas en su pretendida agudeza.
De más está decir que la definición del amor y la expresión del mismo, ha sido durante años el eje central que moviliza e incumbe a todo nuestro mundo de relaciones personales, felicidades y fracasos, y en la historia del arte y la literatura existen más de un ejemplo que ha intentado expresar su esencia: Fragmentos de un discurso amoroso de Roland Barthes, es uno de los casos más hermosos y “enciclopédicos”, donde Barthes consigue dibujar y definir la figura del enamorado y la del ser amado como caras de una misma moneda, y donde estas figuras son desarmadas y recompuestas constantemente a través de citas literarias, fragmentos de óperas o cartas de amor. El sufrimiento del amante no correspondido es puesto ante el espejo de su desesperanza, como si nunca antes el drama de la pérdida, o el de la imposibilidad del amor, se hubieran visto analizados con tanta crudeza. Es aquí que el autor entrelaza momentos del arte, la música y la literatura, prodigándose en cientos de formas sonoras, visuales o poéticas para desnudar el amor ante el mundo.
II
Conozco a Adolfo Manzano en un arco de tiempo de treinta años, cuando llegó por primera vez a La Habana en el año 1994 para una residencia de artistas en pleno Período Especial[2]. Era una figura singular y prominente dentro de la escena del arte asturiano de los años 90, donde se movían artistas como Cuco Suárez, Ángel Nava, Pelayo Varela, Paco Cao, Avelino Salas, Gema Ramos o Natalia Pastor entre otros, que luego pude conocer en Oviedo y de los cuales conservo pedagogías e influencias que aún hoy siguen siendo de mis mayores vínculos afectivos con el arte. Por citar algún proyecto, recuerdo los experimentos del Centro de Arte Ego, consistente en una escultura o mueble en madera de corte minimalista de 250 x 90 x 60 cm, donde cada artista podía expresar o exhibir sus ideas en su reducido o limitado espacio… fueron obras que marcaron mi percepción del arte conceptual y relacional en mi juventud profesional.
Adolfo Manzano es para mí, sin duda alguna, una de las figuras que han mantenido esa presencia firme y en la “distancia”, obligada tal vez por el contexto o la suerte, como dijera Fernando Castro Flórez. Durante años, continué viendo sus obras en la galería Moriarty de Madrid y en las ferias de Arco, dando paso después a los conocidos aislamientos regionales del arte en España. Aún en esa distancia, Adolfo Manzano continuó construyendo una obra y una mirada cada vez más sutil y ensimismada, casi rayana con el misticismo de Santa Teresa de Jesús, citada en su obra Las Moradas.
Por muchas razones quiero afirmar que, más que nunca, su obra puede resonar en el contexto del arte de hoy, un contexto con marcada tendencia a redescubrir lo esencial de los materiales, del manejo de las formas y de la excelencia y sofisticación que entrañan las llamadas “artesanías” y el buen oficio.
Afortunadamente, la historia y la historia del arte tienden a reacomodarse constantemente y terminan por darle espacio a los artistas y a las obras que así lo merecen, como pienso que es el caso de Adolfo Manzano.
Es sorprendente ver y asistir hoy en su obra a un encuentro con lo primigenio de las formas, que se hace eco en la recurrencia a la madera cruda, casi sin tratar o transformar, a la tela o al paño bordado en sus vínculos religiosos con tantas culturas, además de la plata o el dibujo en grafito, sin otro mediador que un simbolismo descarnado y sin complejos, que quiere trasmitirnos y preguntarnos directamente en nuestra cara ¿cómo encontrar en nuestras vidas aquello que llamamos felicidad? ¿Qué nos anima a seguir insistiendo, casi místicamente, en el arte como un vehículo para devolvernos la fe en el otro y en nosotros mismos? ¿Cómo lograr ese balance perfecto de amor, felicidad y bondad que tanto soñamos y perseguimos los seres humanos?
Estando como estamos hoy, enfrentados constantemente al desamor, al odio, a las guerras y disputas más pueriles que desencadenan constantemente muertes y miseria, ¿dónde hallar la respuesta que nos lleve a evitar estos ciclos destructivos?
La pregunta es tan simple que parece ingenua: ¿Cómo ser felices?
Simplemente, avistemos desde nuestra altura el abismo del lenguaje y dejémonos llevar por este momento donde el arte insiste en revelar esencias y caminos.
Carlos Garaicoa, Madrid, noviembre, 2025
[1] Borges, Jorge Luis. “Sobre los clásicos En Obras Completas IV, Ed. Emecé, Barcelona, 1996
[2] Eufemismo para nombrar la primera gran crisis política y económica de la Revolución Cubana, acaecida tras la caída del Bloque Socialista a inicios de los 90.
– Carlos Garaicoa (Madrid, noviembre, 2025)
travaux
El péndulo y la sangre, 2025
45 x 13 x 6 cm (17.7 × 5.1 × 2.4 in) (llama)















