Entelequia

16 de octubre, 2025 – 15 de febrero, 2026

La Térmica Centro de Cultura Contemporánea, Málaga

Diana Fonseca_La térmica

La belleza que brota de un candado abierto

– Francisco Salado Escaño

La delicadeza de una pequeña rama que parece quebradiza, pero que, contra todo pronóstico, se abre paso y florece en el hueco de un candado abierto resulta una metáfora exquisita para narrar el viaje, físico y emocional, de aquellos que han dejado una tierra natal que les oprimía y se han liberado para intentar brotar en otros lugares, siendo quienes son, creciendo, pero arrastrando también la culpa por lo que tuvieron que dejar atrás.

Puede ser la historia de la artista cubana Diana Fonseca y también la de miles de personas que consideraron que esa salida era la acertada, por mucho que doliese. Con la separación de lo propio quedan cicatrices difíciles de curar y Fonseca las piensa, las siente y las transforma, hurga en ellas y del escozor salen obras que hablan de la añoranza, de un pasado que la separación endulza, del desarraigo que provoca vivir en un lugar que es otro. Pero también de los sueños que aún se pueden alcanzar, de la esperanza, de lo que ya fue y, sobre todo, de lo que queda por venir.

Un ensamblaje de tuberías goteantes dibuja el perfil de La Habana al fondo de la sala 014 de La Térmica. En mitad de ella, una jaula extiende sus barrotes más allá del suelo, unas cadenas engrosan sus grilletes y una librería contiene todos los significados posibles de la palabra tiempo en los lomos de sus ejemplares, dispuestos en un círculo que pierde su equilibrio, se fractura y se abre, como un paréntesis en el que la rueda se para y todo puede empezar a caer.

Sin embargo, las manecillas siguen marcando las horas, que pasan inexorablemente, aunque sea en relojes incompletos, a los que faltan los pedazos que deja la ruptura de la marcha, que se recomponen miles de kilómetros después, al otro lado del océano. Habrá que buscar, empezar de nuevo y no faltará un momento en el que la nostalgia vuelva y haga recuperar ese juego infantil, ese instante en el que la memoria se quedó cosida en la piel para siempre.

En la exposición ‘Entelequia’, Diana Fonseca dibuja un mapa lleno de matices, rico y sinuoso que lleva al visitante hasta ese interior tímido y precioso que guarda la artista y que sale a la superficie en su obra creativa para emocionar a todo el que tiene el gusto de conocerla. La Térmica, el centro de cultura contemporánea de la Diputación de Málaga ha tenido el honor de albergar algunas de sus piezas más recientes, y de compartir con ella el proceso de transformación simbólica de los objetos más cotidianos. Un viaje en el que nos hemos embarcado con la pasión habitual y que nos ha enriquecido como siempre lo hacen las primeras veces.

Diana Fonseca_La térmica